23/7/16

CUBA: EL DESPERTAR DEL REALISMO ECONÓMICO


En la Asamblea Nacional del Poder Popular (Julio 08, 2016)


José Rafael Revenga                                                                 Julio 24, 2016            
                                            
Un acontecimiento pleno de significado no solo para Cuba sino directamente para Venezuela tuvo lugar en la isla los primeros días de julio. Si bien las deliberaciones del VII Periodo Ordinario de Sesiones de la Octava Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular gozaron de una amplia proyección local vía los medios oficiales su significado y su impacto sobre nuestro país ha sido objeto, hasta ahora, de solo un análisis publico por parte de un avezado comentarista local. Considero que el evento, su contenido y sus implicaciones para Venezuela merecen mayor atención.

El contenido del discurso pronunciado al cierre de dicho encuentro, el viernes 8 de julio, por el General de Ejército Raúl Castro, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros apela, con todo sentido de emergencia y resolución, al colectivo cubano a una manifestación de voluntad frente a las calamidades económicas por venir en lo que será un nuevo y más exigente “periodo especial” en comparación con el iniciado a principio de los 90s al cesar la ayuda soviética y el cual se  prolongó durante una década para ser interrumpido por la cuantiosa colaboración proveniente de Venezuela ahora amenazada de venir a menos.  

La descripción de lo expuesto y la interpretación del proceso que da lugar a las apreciaciones y exhortaciones contenidas en el documento presidencial se hacen arduas, y necesariamente algo imprecisas, debido al muy cuidado lenguaje formal que limita el inventario de las equivocaciones y asoma parcialmente las rectificaciones inescapables. Sin embargo, “intelligenti pauca sunt” o, en versión castiza, para entendedores pocas palabras.

Uno de los primeros párrafos de la presentación del presidente Castro establece el marco de la preocupación fundamental:
“En diciembre del 2015 expliqué que se proyectaban limitaciones financieras como consecuencia de la disminución de ingresos en nuestras exportaciones por la caída de los precios en los rubros tradicionales, así como afectaciones en las relaciones de cooperación mutuamente ventajosas con varios países, en particular con la República Bolivariana de Venezuela, sometida a una guerra económica para debilitar el apoyo popular a su revolución”.
“A lo anterior se añade una determinada contracción en los suministros de combustible pactados con Venezuela, a pesar de la firme voluntad del presidente Nicolás Maduro y su gobierno por cumplirlos. Lógicamente ello ha ocasionado tensiones adicionales en el funcionamiento de la economía cubana”.
Mi intención al escribir las presentes conjeturas no tiene cabida dentro del siguiente señalamiento del presidente Castro en cuanto a las finalidades de algunos comentarios para regocijarse en las numerosas dificultades que atraviesa la economía cubana. 

Sin embargo, si quiero resaltar que la primera línea de los conductores de la nación isleña han adquirido progresivamente una conciencia en torno a la deficiencia de su modelo económico condenado a la dependencia de un benefactor externo cambiante:
Como era de esperar, con el propósito de sembrar el desánimo y la incertidumbre en la ciudadanía, comienzan a aparecer especulaciones y augurios de un inminente colapso de nuestra economía con el retorno a la fase aguda del período especial que enfrentamos a inicios de la década del 90 del pasado siglo y que supimos superar gracias a la capacidad de resistencia del pueblo cubano y su confianza ilimitada en Fidel y el Partido. No negamos que pueden presentarse afectaciones, incluso mayores que las actuales, pero estamos preparados y en mejores condiciones que entonces para revertirlas”.
La mención de “afectaciones incluso mayores que las actuales” presagia la amenaza de fuertes contracciones en la dinámica de la economía. Es obvio que dichas afectaciones tienen que ver con la disminución  de los aportes de diversa índole suministrados por Venezuela pero conjeturo que la preocupación del gobierno cubano toma en cuenta principalmente el agotamiento del modelo practicado durante las dos últimas décadas en Venezuela.

En palabras, la corrección de rumbo, en el manejo de las políticas compensatorias de las afectaciones en curso y de aquellas previstas, anunciada por el Presidente Castro significa el abandono de un modelo dependentista quincuagésimo y el complejo inicio de un nuevo diseño de difícil pero imprescindible despegue.

Castro precisa:
“Frente a las dificultades y amenazas no hay espacio para las improvisaciones y mucho menos para el derrotismo. De una situación coyuntural como la que enfrentamos se sale victorioso actuando con mucha energía, ecuanimidad, racionalidad y sensibilidad política…"
“Es preciso reducir gastos de todo tipo que no sean imprescindibles, fomentar una cultura del ahorro y de aprovechamiento eficiente de los recursos disponibles, concentrar las inversiones en las actividades que generan ingresos por exportaciones, sustituyen importaciones y respaldan el fortalecimiento de las infraestructuras, asegurando la sostenibilidad de la generación eléctrica y un mejor uso de los portadores energéticos. Se trata, en síntesis, de no detener, en lo más mínimo, los programas que garantizan el desarrollo de la nación”.
“…En medio de estas dificultades se pusieron en vigor diversas decisiones dirigidas a incrementar la capacidad adquisitiva del peso cubano, entre ellas, la disminución de los precios de un conjunto de productos y artículos de amplia demanda por nuestra población”.
“Igualmente, a pesar de la prolongada sequía que nos azota, comenzamos a ver los frutos de otras acciones encaminadas a asegurar un mejor acopio y distribución de los productos agropecuarios, constatándose mayor presencia de los mismos en los mercados y una ligera, pero progresiva reducción de los precios de venta”.
“Estas medidas, con efectos todavía incipientes, han tenido una favorable acogida en la población por representar un alivio para las familias cubanas. Se estudian otras alternativas en correspondencia con las posibilidades económicas del país”.
“Por otra parte, se ha garantizado el equilibrio financiero interno mediante niveles apropiados de oferta en el mercado minorista, al tiempo que se avanza en la implementación de sistemas salariales vinculados con el resultado productivo, todo lo cual nos ha permitido evitar presiones inflacionarias”.
No deja de ser curiosamente paradójico que sean las autoridades cubanas las que nos aventajen en liberarnos de la trampajaula de un inescrutable “socialismo del siglo 21” mientras Venezuela aun no logra vencer la ofuscación inercial que obstaculiza el surgimiento de un nuevo consenso realista.

No sería motivo de sorpresa constatar que la urgencia de la acción por parte de Cuba se debe no tanto a la caída de los precios de sus productos de exportaciones ni al muy lento levantamiento del “bloqueo” sino a la inatajable caída de la economía venezolana y al inmovilismo doctrinario de un “modelo” que poco tiene de ejemplarizante.

Hay que tener en cuenta que los inicios, hoy en día promovidos con mayor determinación y urgencia, del remodelaje están en marcha desde hace, por lo menos, cinco años cuando la Asamblea para la fecha decide aprobar la “actualización” del modelo que ya hacia agua con evidentes síntomas que su congelación era la ruta más segura hacia el fracaso.

En Cuba se ha llevado a cabo un intenso proceso de consulta, participación y elaboración progresiva de documentos tales como:

 “Lineamientos de la Política Económica y Social 2016-2021”  [Ver http://goo.gl/NfPuMw]

 y

“El plan nacional de desarrollo económico y social hasta el 2030: Propuesta de visión de la nación. Ejes y sectores estratégicos” [Ver http://goo.gl/qoyRpZ  y  http://goo.gl/QTi4sD]

Estos documentos serán aprobados definitivamente en el Pleno del Comité Central del Partido a fines del 2016. Estaré pendiente.

El “despertar” del realismo económico no es, según Castro, ni una “transición sin costuras” ni una vigilia lograda a priori. Numerosos condicionantes afectan su progreso entre ellos nada menos que hacer lo que hace falta y hacerlo bien:

“La velocidad de los cambios seguirá estando condicionada por nuestra capacidad de hacer las cosas bien, que no siempre ha sido así. Para ello es preciso asegurar la preparación previa, la elaboración de los documentos normativos, la capacitación y dominio de su contenido hasta el nivel donde se apliquen, el seguimiento y conducción de la implementación, el control sistemático y la oportuna rectificación ante eventuales desviaciones”.

Castro finaliza su intervención en la Asamblea recordando los principios básicos de la conducción eficiente de toda república desde que Platón los anotó:

“Es preciso reducir gastos de todo tipo que no sean imprescindibles, fomentar una cultura del ahorro y de aprovechamiento eficiente de los recursos disponibles, concentrar las inversiones en las actividades que generan ingresos por exportaciones, sustituyen importaciones y respaldan el fortalecimiento de las infraestructuras, asegurando la sostenibilidad de la generación eléctrica y un mejor uso de los portadores energéticos. Se trata, en síntesis, de no detener, en lo más mínimo, los programas que garantizan el desarrollo de la nación”.

Me tropiezo con un artículo de opinión en la Radio Cubana firmado por Enrique Tirse Hernández el 21.07.2016 y titulado “Camino al 2030” que bien puede reflejar el consenso emergente en la isla en torno al nuevo Modelo Económico y Social Cubano.

El autor, después de señalar la fortaleza con que se cuenta para plasmar en praxis dicho propósito y que no es otro que la gente de la nación, enumera las dificultades limitantes o “problemas motivados por su economía subdesarrollada” con los cuales tiene que convivir:
“Un factor en contra es el déficit de divisas con que cuenta el país, máxime en estos momentos tan cruciales para el comercio mundial. Hoy nuestra industria no es competitiva, los equipos emplazados son obsoletos y poco productivos, componentes que afectan el buen desarrollo”.
“En lo interno inquieta la existencia de la doble moneda, que tiene influencia diferenciada en la población. Incide en ello la poca remuneración salarial que desestimula la incorporación al trabajo, fundamentalmente en las esferas productivas”.
“Hay que convivir con la pérdida de valores, que durante años hemos acumulado, y rescatar aquellos que los cubanos siempre hemos exhibido con orgullo. Del mismo modo, conspiran los brotes de corrupción, delitos, indisciplinas y otras formas no ortodoxas que vemos a diario en diferentes niveles o estratos”.

Sería casi irónico, que Cuba actualizara aceleradamente su modelo económico y social entre otras razones por no ver celeridad en el mismo empeño por parte de la República Bolivariana de Venezuela.









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